Hay perfumes que se notan al entrar en una sala. Vetiver 47 no. Este se queda contigo, pegado a la piel, sin pedir permiso ni protagonismo. Un fondo verde de vetiver, raíz, tierra mojada, con la limpieza casi metálica del jengibre y el pomelo en la apertura.
Es de esos aromas que funcionan en oficina, en una cena, en un viaje. No domina, no fatiga. La proyección es media: a un metro estás cerca, a dos no. Pero la duración es notable —ocho horas largas— y el sillaje deja una estela amaderada que se adapta al frío y al calor por igual.
Lo recomendamos si te gustan las composiciones nítidas, sin azúcar, sin acordes gourmand. Si buscas algo más cálido o invernal, mira Madera de Marrakech.