Una composición que no se anda con sutilezas. La apertura es especiada —cardamomo, azafrán— y abre paso a un corazón de oud y rosa damascena que se queda toda la noche. El fondo de sándalo y haba tonka aporta dulzura sin caer en el almíbar.
Mejor en frío. Con frío, Madera de Marrakech rinde diez horas o más, y el sillaje es notable: alguien lo notará. Con calor, conviene un par de pulverizaciones menos: el oud puede saturarse.
Es un perfume de invierno, de cuello de jersey, de cena con vino tinto. No es de todos los días ni de todas las situaciones, y precisamente por eso funciona tan bien cuando toca.