El iris es un ingrediente difícil. En manos torpes resulta empolvado y plano, casi mineral. En Iris Nocturno se trabaja con pulso: la apertura de pera y violeta es muy breve, casi un guiño, antes de que el iris y la rosa centifolia tomen el centro de la composición.
El fondo amaderado —sándalo y vetiver— evita que la flor se vuelva demasiado dulce. El resultado es una fragancia que funciona a cualquier hora pero que, como sugiere el nombre, gana al caer el día. La proyección es contenida; el sillaje, todo el atractivo.
Una fragancia para quienes encuentran soporíficos los florales blancos clásicos y buscan algo más matizado, más adulto.