Los gourmands tienen mala fama por culpa de los gourmands malos: empachosos, dulces sin medida, todos iguales. Frambuesa y Pachulí evita esa trampa con un corazón de pachulí —tierra, hojas— que rompe el azúcar y le da estructura.
La frambuesa de cabeza es brillante, no caramelizada. La pera, redonda. Después del primer cuarto de hora, el pachulí toma el control y aguanta toda la jornada con un fondo de vainilla cremosa y haba tonka. Una nota de café entre medio aporta amargor justo.
Funciona en otoño e invierno. En verano se vuelve denso. Pensado para quienes vienen de otros gourmands clásicos pero quieren algo menos juvenil, más matizado.